LOS GIGANTILLOS.

 



Los Gigantones han pervivido hasta nuestros días en la procesión del Corpus burgalés, llegándose a convertir en formas indispensables de las fiestas burgalesas y figuras representativas de nuestro acervo cultural tradicional.

Las primeras noticias de gigantones en Burgos datan de 1564 y a partir de este momento estarán presentes hasta nuestros días. Desde 1738, que se renovaron todos los gigantones, se conocen las figuras que representaban: Rey, Reinas, Turco, Turca, Gitano, Gitana, Negro, Negra y Gigantilla.

Los Gigantones han representado las diversas razas humanas que con su presencia en la procesión del Corpus representaban el triunfo del Señor. Las Gigantillas eran dos figuras varón (gigantillo) y hembra (gigantilla) grotescas y ridículas que vestían con telas de dibujos chocantes, colores chillones y de formas estrafalarias, adornadas con exagerados accesorios de las modas del año. Su significado era la herejía, por eso la gigantilla representaba la herejía general y el gigantillo representaba al mismo Lutero e inclusive le solían poner dos cabezas, la segunda representando a Calvino.

En el año 1899 se renuevan las cabezas de los Gigantones y se confeccionan dos Gigantillos nuevos. El resultado del trabajo es tan del agrado del público que no se vuelven a cambiar dichas figuras conservándose desde ese año hasta nuestros días la misma forma. Los Gigantillos tomaron un nuevo aspecto y dejaron de representar la herejía, con su nueva figura representan una bellísima pareja de aldeanos de la sierra burgalesa, él con su vara de fresno hace ver a un Alcalde y ella se convierte en una señora Alcaldesa. La renovación de los Gigantones y la realización de los nuevos Gigantillos fue llevada a cabo por Don Fernando Hernando Ortega, llamado “el cardeñita”, bajo la dirección artística de Don Isidro Gil, secretario del Ayuntamiento de Burgos, y Don Evaristo Barrio profesor de la Escuela de Dibujo.